Un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) revela que, a pesar de los avances significativos en la reducción del hambre en América Latina, la crisis climática emerge como un obstáculo importante para mantener esta tendencia positiva. René Orellana, representante regional de la FAO, enfatizó en una entrevista con EFE la necesidad de adaptar las políticas y las infraestructuras para mitigar los impactos del clima en la seguridad alimentaria.
La región ha experimentado una disminución sostenida en la subalimentación, pasando del 6,1 % de la población en 2020 al 5,1 % en 2024, lo que representa 6,2 millones de personas menos en situación de inseguridad alimentaria. Estos logros se atribuyen a políticas públicas que incluyen programas de alimentación escolar, apoyo a pequeños agricultores y el fortalecimiento de los mercados locales. Sin embargo, el Caribe y Centroamérica son particularmente vulnerables a los fenómenos climáticos extremos, donde la inseguridad alimentaria moderada o grave afecta a más de la mitad de la población, en contraste con el 22 % en Sudamérica.
La agricultura en América Latina ha absorbido el 23 % de los daños económicos causados por desastres naturales, según la FAO. Orellana subraya la urgencia de invertir en sistemas de alerta temprana y digitalización agrícola para mejorar la resiliencia de los sistemas productivos frente a huracanes, sequías y plagas. Estos desafíos climáticos no solo destruyen cosechas e infraestructuras, sino que también alteran los ecosistemas, favoreciendo la aparición de nuevas enfermedades que afectan la producción de alimentos.
La protección de los ecosistemas y el apoyo a las comunidades vulnerables son cruciales para asegurar un futuro donde todos tengan acceso a una alimentación nutritiva. La colaboración internacional y el compromiso de los gobiernos con la sostenibilidad y la adaptación al cambio climático son fundamentales para construir una sociedad más justa y resiliente.