Decirles a los ni\u00f1os "\u00a1eso no se hace!" cuando demuestran agresi\u00f3n no les ofrece una verdadera gu\u00eda. Esta reacci\u00f3n com\u00fan, aunque instintiva, a menudo se queda corta porque no aborda la causa subyacente del comportamiento. Los ni\u00f1os, al golpear, suelen estar expresando frustraci\u00f3n o una incapacidad para gestionar sus emociones, no una intenci\u00f3n maliciosa. Un estudio reciente subraya c\u00f3mo la disciplina severa en la infancia puede acarrear problemas conductuales en la adultez. Es esencial que los padres comprendan que su manera de reaccionar frente a estas conductas impacta significativamente el desarrollo emocional de sus hijos, sentando las bases para futuras relaciones y manejos emocionales.
Enfrentando la Conducta Agresiva Infantil: Un Enfoque Educativo y Emp\u00e1tico
Cuando un ni\u00f1o exhibe conductas agresivas, como golpear, la respuesta autom\u00e1tica de muchos adultos es una reprimenda inmediata, a menudo con la frase "\u00a1Eso no se hace!" Sin embargo, esta aproximaci\u00f3n, aunque tradicional, carece de efectividad. Los especialistas en desarrollo infantil y crianza, como la periodista Mar\u00eda Machado, quien public\u00f3 un an\u00e1lisis detallado el 16 de enero de 2026, enfatizan que los ni\u00f1os generalmente no golpean por malicia, sino como una manifestaci\u00f3n de frustraci\u00f3n, desregulaci\u00f3n emocional o una falta de herramientas para expresar lo que sienten. Un estudio publicado en Child Protection and Practice por Won, Kyeong y Setoh (2025) apoya esta perspectiva, se\u00f1alando c\u00f3mo las formas de disciplina severas durante la ni\u00f1ez est\u00e1n vinculadas a problemas de comportamiento en la juventud. En lugar de simplemente re\u00f1ir, es crucial intervenir primero asegurando que el ni\u00f1o no da\u00f1e a otros ni a s\u00ed mismo, inmoviliz\u00e1ndolo con firmeza pero cari\u00f1o. Una vez calmado, se pueden aplicar estrategias m\u00e1s constructivas: primero, nombrar la emoci\u00f3n que est\u00e1 sintiendo el ni\u00f1o (por ejemplo, "Veo que est\u00e1s muy enfadado") para que aprenda a identificarlas. Segundo, ofrecer alternativas claras de comportamiento, como ense\u00f1arles a decir "no me gusta" o a pedir ayuda. Tercero, guiarlo hacia la calma a trav\u00e9s de un di\u00e1logo tranquilo, en lugar de castigos que solo generan miedo. Cuarto, modelar la conducta deseada, ya que los ni\u00f1os aprenden principalmente por imitaci\u00f3n. Finalmente, es fundamental reforzar positivamente los momentos en que el ni\u00f1o logre manejar sus emociones de manera adecuada, celebrando sus avances y no solo se\u00f1alando sus errores.
La educaci\u00f3n emocional es un pilar fundamental en la crianza. Al ir m\u00e1s all\u00e1 de las reprimendas vac\u00edas y adoptar un enfoque emp\u00e1tico y pedag\u00f3gico, los padres no solo resuelven la conducta problem\u00e1tica inmediata, sino que tambi\u00e9n dotan a sus hijos de las herramientas necesarias para gestionar sus emociones y construir relaciones saludables en el futuro. Es un compromiso a largo plazo que rinde frutos en el bienestar emocional y social de los ni\u00f1os.